9.11.14

Iniciativa día uno

Día uno:
Andaba por la calle como cualquier otro día, con los cascos escuchando música, mirando a la nada preguntándome muchas cosas.
¿Cómo será estar andando por la calle y que alguien te mire? Nunca me ha pasado. Cuando voy con mis amigas, a veces algún chico se gira y mira a nuestro pequeño grupo. Mira a ellas y no a mí, claro, porque son guapas y visten bien y son todo lo que yo no soy.
Entonces, mientras estaba absorta en mis pensamientos, te vi. O lo que es mejor tú me viste a mí. Miraste a mis ojos de amargura y yo miré a los tuyos llenos de sol. Me sonreíste con una sonrisa que no te cabía en el rostro. Yo, confundida y extrañada, no te devolví la sonrisa.
Cuando pensaba que no te volvería a ver, coincidimos en el mismo autobús. Yo estaba sentada y sumergida entre las páginas de un libro, escuchando música y alejada de lo que pasaba alrededor. Por casualidad del destino, levanté la vista y te vi leyendo el mismo libro. Me volviste a sonreír.
Pensando que ya gasté mi suerte con el destino, coincidimos en la librería. Buscaba la segunda parte del libro que coincidimos leyendo. Busqué con la vista en las estanterías e identifiqué lo que buscaba. Me agaché a por el libro deseosa de comprarlo y empezar a leerlo. Esperaba tocar el lomo de un libro, pero lo que toqué fue una mano. Cogí el libro, miré para ver de quién era esa mano y te vi a ti. Me saludaste y entonces supe que estaba enamorada.

Caminaba hacia mi casa como otro día cualquiera. Entonces vi a una chica mirando hacia el vacío. No fui capaz de dejar de mirarte y creo que te diste cuenta. Tus ojos se dirigieron a los míos. Tus ojos eran preciosos y me atrapaban, tenían algo. Sin saber por qué, sonreí. Vi tu cara de desconcierto y pensé que era un idiota.
Avergonzado pero con ganas de volver a verte el destino me hizo un favor. Te vi en el autobús sentada y leyendo. Estabas tan tranquila y en tu mundo que no quería que nadie te molestara, simplemente quería observarte. Me senté en un asiento cercano y yo también me puse a leer, casualmente el mismo libro que tenías en tus manos. Cada segundo levantaba la vista del libro para ver si me mirabas, pero no lo hacías. Con mi último rayo de esperanza, levanté la vista del libro por última vez y vi que tu vista estaba fija en mí. Te sonreí.
Maravillado por ti, así estaba. Pero a la vez, triste porque pensaba que no te volvería a ver. Fui a la librería y te vi. No supe que hacer, pero necesitaba acercarme a ti. Como despistado, hice como que cogía el libro cuando en realidad te toqué la mano. Esta vez, me miraste sorprendida y me mi corazón se derritió por tu mirada. Quería abrazarte, besarte y no separarme nunca de ti. En vez de eso, te dije un simple "hola" y entonces supe que estaba enamorado.

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